Quienes viven en Comodoro Rivadavia saben que el problema del agua potable no es nuevo. Desde hace más de 50 años, el acceso al servicio está marcado por cortes permanentes, roturas inesperadas y promesas que nunca se terminan de cumplir.
La ciudad está lejos de ser un ejemplo de desarrollo en materia hídrica. Los llamados cortes programados se suman a los cortes por rotura del acueducto, especialmente en el tramo más afectado entre Cerro Negro y Valle Hermoso, donde desde hace más de 20 años se concentran los mayores problemas.
Un acueducto que nunca dio la respuesta esperada
El acueducto inaugurado en enero de 1999 fue presentado como la solución definitiva al viejo sistema de 1966, que ya mostraba graves deficiencias para abastecer a la región.
El agua recorre más de 160 kilómetros desde el Lago Musters, en Sarmiento, hasta llegar a Comodoro Rivadavia y luego distribuirse hacia otras localidades.
Este sistema, conocido como Acueducto Lago Musters o Sistema Acueducto Jorge Federico Carstens, bombea el recurso a través de dos cañerías paralelas de aproximadamente 140 kilómetros cada una. Sin embargo, desde sus primeros años comenzaron a aparecer fallas que nunca fueron resueltas de fondo.
Con el paso del tiempo, lo que debía ser una obra definitiva se transformó en una fuente constante de problemas, obligando a realizar reparaciones parciales una y otra vez.
Corrosión, roturas y parches permanentes
“El problema de las cañerías del ducto 1999 es que son de hormigón pretensado, lo que significa que tienen una armadura metálica de acero en su estructura, que está expuesta a la corrosión por el contacto con el suelo y el agua. Para evitar este problema, las cañerías deberían contar con un sistema de protección catódica, que consiste en colocar ánodos de sacrificio de magnesio, que se oxidan en lugar del acero, prolongando la vida útil de las tuberías”, explicaron fuentes oficiales a LA NACION.
La falta de estas protecciones desde el inicio aceleró el deterioro del sistema y provocó que hoy las roturas sean cada vez más frecuentes.
El sector entre Cerro Negro y Valle Hermoso concentra cerca del 80% de las fallas. Cada vez que ocurre una rotura se pierde agua, se excava el terreno, se reemplaza un tramo de caño y luego se vuelve a tapar, repitiendo un proceso que no soluciona el problema de fondo.
El gerente del Sistema Acueducto de la Sociedad Cooperativa Popular Limitada (SCPL) Gerardo Couto, afirmaba en 2023 que: “El acueducto viene soportando hace años una continuidad de roturas que involucra la estación de bombeo Cerro Negro y la de Valle Hermoso, unos 40 kilómetros. El 80% de las roturas fueron en ese sector. Cada vez que se produce una rotura se pierde agua, se humedece toda el área, se perfora y se pone otro caño que se suelda. El trabajo culminado lleva un trabajo de compactación hasta que se llega a la superficie”.
Con el paso de los años, el acueducto terminó lleno de tramos diferentes, con suelos compactados de manera desigual y una rigidez que no permite los movimientos naturales del terreno.
“Nos encontramos con 41 kilómetros que tienen un sinnúmero de intervenciones con diferentes caños, se está generando rigidez en algo que tiene que tener pequeños movimientos, sumado a la compactación del suelo diferente a la regional. En sus primeros años, al acueducto nuevo no se lo cuidó y sufrió el problema de la corrosión. Estamos tratando de frenar lo que pasa ahora, pero el deterioro que está hecho ya está”.
La falta de agua como problema cotidiano
A pesar de que se anuncian inversiones por parte de la Sociedad Cooperativa Popular Limitada, la realidad diaria para los vecinos es convivir con la falta de agua, sobre todo durante el verano, cuando las temperaturas extremas agravan la situación.
En una región con un clima hostil, la ausencia de este recurso básico afecta principalmente a quienes tienen menos posibilidades económicas y no pueden trasladarse hasta los puntos de carga habilitados como solución temporal.
El problema no se limita solo a Comodoro Rivadavia. Los habitantes de Rada Tilly, ubicada a 13 kilómetros, también dependen del mismo sistema y sufren restricciones similares en el suministro.
El crecimiento de la población y el aumento del consumo ponen aún más presión sobre una infraestructura que ya muestra signos claros de obsolescencia.
Mientras no exista una obra estructural que renueve por completo el sistema, el acueducto seguirá funcionando a base de parches y soluciones provisorias, y los vecinos continuarán dependiendo de un servicio de agua potable que nunca logra ser estable.

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