En distintos puntos del país comenzaron a registrarse situaciones vinculadas al fenómeno de las personas que se identifican como animales, conocido como therian. Este tipo de manifestaciones, que combina aspectos identitarios y conductuales, llegó recientemente al ámbito de la salud veterinaria con un hecho ocurrido en la provincia de San Luis.
El episodio ocurrido en una clínica veterinaria
Una persona que se autopercibía como perro se presentó en un consultorio veterinario solicitando atención por un presunto cuadro de moquillo, una enfermedad infecciosa que afecta exclusivamente a los caninos.
El caso llamó la atención del personal sanitario debido a que se trataba de una patología propia de los animales y no de las personas, lo que generó una situación poco habitual dentro del ejercicio profesional.
Intervención del Colegio Médico Veterinario de San Luis
La presidenta del Colegio Médico Veterinario de San Luis, Verónica Veglia, confirmó públicamente el episodio y explicó que la consulta fue recibida con sorpresa por el sector.
Según detalló, la persona manifestó experimentar síntomas que asociaba con una enfermedad frecuente en perros y prevenible mediante esquemas de vacunación veterinaria.
"Decían que tenían cierta sintomatología clínica tratando de disimilar esa enfermedad. La colega que se vio en esta situación los trató de una manera muy respetuosa explicándoles que nosotros somos médicos veterinarios"
Alcances legales y profesionales
Veglia remarcó que los veterinarios se encuentran legalmente habilitados solo para atender a animales y no pueden ejercer actos médicos sobre personas humanas, independientemente de la identidad que estas manifiesten.
Desde la institución se aclaró que la profesional actuó dentro del marco normativo vigente, explicando con claridad los límites de su función sanitaria.
Dimensión ética y social del caso
El episodio fue considerado complejo desde el punto de vista ético y profesional, ya que implicó mantener un trato respetuoso con quien solicitó atención y, al mismo tiempo, resguardar las normas de la práctica veterinaria.
La situación reavivó el debate sobre cómo deben responder las instituciones ante expresiones identitarias que se trasladan a espacios de atención médica no diseñados para este tipo de demandas.

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