Desde finales de la década de 1990, Comodoro Rivadavia arrastra una serie de desapariciones sin resolver que atraviesan generaciones y mantienen abiertos numerosos expedientes judiciales. Hombres, mujeres, jóvenes, adultos mayores y un niño forman parte de un registro que, con el paso de los años, se convirtió en un problema estructural sin respuestas definitivas.
Una lista oficial que continúa en aumento
De acuerdo con datos confirmados por el Ministerio de Seguridad de Chubut en octubre de 2025, más de veinte personas permanecen desaparecidas en Comodoro Rivadavia. La cifra se consolidó antes de que un nuevo caso se sumara al registro, lo que evidenció que el fenómeno no pertenece únicamente al pasado. Cada nombre representa una investigación inconclusa y una familia que continúa reclamando información.
El rol de las familias y los medios de comunicación
Ante la falta de avances concretos, muchas familias encontraron en los medios de comunicación locales el principal canal para sostener la visibilidad de los casos. La cobertura periodística permitió que las historias no quedaran reducidas a expedientes administrativos, manteniendo vigente el reclamo social por verdad y justicia.
El caso que marcó un antes y un después
El 1° de enero de 1997 se produjo la desaparición de Hernán Enrique Soto, un niño de 10 años que se encontraba en el Camping San Carlos durante los festejos de Año Nuevo. Tras alejarse brevemente para realizar una compra, no regresó. La ausencia de testigos y pistas convirtió el hecho en el primer gran caso sin resolver de la ciudad, inaugurando una etapa marcada por la incertidumbre.
Desapariciones en los años siguientes
A fines de la década de 1990, otros nombres se incorporaron a la lista. En 1998 desapareció Araceli Linares, mujer trans vista por última vez tras subir a un vehículo en una zona céntrica. Meses después se hallaron restos óseos, aunque las falencias periciales impidieron esclarecer lo ocurrido. Ese mismo año, Mónica Elizabet Acuña salió a una celebración y nunca regresó a su hogar.
Casos emblemáticos del nuevo milenio
Con el inicio de los años 2000, la problemática se profundizó. Silvia Mabel Picón, Pablo Andrés Plascencio e Iván Eladio Torres son parte de un período que expuso deficiencias institucionales. El caso de Torres adquirió relevancia nacional e internacional, ya que ingresó a una dependencia policial y no volvió a ser visto. La situación derivó en una condena internacional al Estado argentino, aunque el paradero sigue siendo desconocido.
Desapariciones vinculadas entre sí
Durante la década siguiente, algunos hechos presentaron conexiones temporales y familiares. Leandro Díaz y su hija Ángela Díaz desaparecieron con un año de diferencia, generando interrogantes adicionales sobre las circunstancias y el seguimiento de las investigaciones. Estos casos reforzaron la percepción de un patrón de ausencias reiteradas.
Registros fílmicos y últimos rastros
En ciertos expedientes existen imágenes de cámaras de seguridad que documentan los últimos momentos conocidos. Nicolás Capovilla fue registrado mientras se desplazaba por el centro de la ciudad antes de desaparecer sin dejar rastro. A pesar de contar con ese material, la causa no logró avances concluyentes.
La espera que permanece intacta
Algunas viviendas quedaron detenidas en el tiempo. En el caso de Norma “Lily” Carrizo, quien tomó un transporte y nunca regresó, su casa continúa conservada como el último espacio compartido. Esta situación se repite en distintos hogares, donde la ausencia se traduce en una espera prolongada.
El territorio como factor determinante
La geografía patagónica representa un desafío adicional para las búsquedas. El mar, los acantilados, las escombreras y los extensos caminos de ripio dificultan los operativos. Ejemplos de ello son las desapariciones de Victorino Joursin, jubilado con Alzheimer, y de Juana Morales y Pedro Kreder en la zona de Rocas Coloradas.
Hallazgos que dejaron huella en la ciudad
En algunos casos, la incertidumbre terminó con hallazgos parciales o trágicos. El cuerpo de Diego Barría fue encontrado tras un accidente, generando un fuerte impacto social. Situaciones similares ocurrieron con Diego Ezequiel Serón, hallado sin vida luego de salir en búsqueda de empleo, y con Valeria Schwab, cuyo cuerpo fue localizado tras horas de rastrillajes.
Reacciones sociales y reclamos colectivos
Estos episodios recientes provocaron movilizaciones espontáneas en Comodoro Rivadavia. Las marchas expresaron un reclamo común frente a la reiteración de ausencias y muertes sin esclarecimiento judicial, evidenciando una demanda social sostenida por respuestas concretas y políticas públicas eficaces.

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