24 mayo 2025

Crisis: el consumo de carne cayó al nivel más bajo en 30 años. Las consecuencias

El promedio por habitante cayó a niveles que no se veían desde principios de los años noventa.

Profundo cambio en la dieta de los argentinos

El consumo de carne vacuna en Argentina atraviesa una caída sin precedentes. En un país históricamente asociado al asado y a la carne como símbolo cultural y alimenticio, el promedio anual por persona se redujo a 47,8 kilos, un nivel que no se registraba desde hace 30 años. El dato fue difundido por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (Ciccra), que además advirtió que esta baja se acumula durante 16 meses consecutivos.



Este retroceso no solo marca un punto de inflexión en los hábitos alimentarios, sino que también refleja de manera directa las consecuencias de la crisis económica que afecta a millones de hogares. La combinación de inflación persistente, pérdida del poder adquisitivo y aumento sostenido en el precio de los cortes básicos obligó a gran parte de la población a reemplazar la carne vacuna por opciones más económicas como pollo, cerdo, pastas secas y arroz.



El encarecimiento de la carne impulsa el cambio

Mientras que algunas variables macroeconómicas exhiben señales de mejora, como el crecimiento interanual de la actividad económica en febrero, que llegó al 5,7%, los ingresos reales de la mayoría de los trabajadores no lograron acompañar el alza en el costo de vida. Según cifras del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva), los principales cortes registraron un incremento superior al 30% en los últimos meses.

Este encarecimiento progresivo ha impactado en el comportamiento de consumo, tal como lo reflejan también los relevamientos de las consultoras NielsenIQ y Scentia. Ambas registraron una caída del 14% en el consumo masivo de alimentos y artículos básicos durante marzo, y una retracción del 8,5% en el primer trimestre del año.



Política de exportación: menos carne en el mercado interno

Uno de los factores que profundizó el fenómeno fue el cambio en la política comercial aplicada por el Gobierno nacional respecto a la carne. Desde enero de 2024, se habilitó nuevamente la exportación de cortes populares como asado, vacío, matambre y falda, tras el vencimiento del decreto que había impuesto restricciones durante la gestión anterior. Esta medida fue interpretada por varios actores del sector como una apuesta a maximizar el ingreso de divisas, en desmedro del abastecimiento y los precios en el mercado interno.

La reorientación de la producción hacia el comercio exterior redujo la oferta disponible en carnicerías y supermercados del país, lo que contribuyó a una presión adicional sobre los precios. En un contexto de caída en la capacidad de compra, este reacomodamiento del mercado profundizó la caída del consumo interno.



Un cambio estructural en la mesa de los argentinos

Aunque históricamente Argentina ha liderado los rankings mundiales de consumo de carne vacuna per cápita, las estadísticas actuales confirman una transformación estructural. La preferencia por proteínas más accesibles y el rediseño de las dietas en base al presupuesto son cada vez más frecuentes, y este nuevo escenario plantea desafíos tanto para los productores como para el entramado social que rodea al sector cárnico.

Mientras el mercado internacional se consolida como destino prioritario para los frigoríficos, en el ámbito doméstico se reconfigura el patrón de consumo. La caída a 47,8 kilos anuales por habitante representa mucho más que una cifra: expresa un cambio de época en un país que alguna vez se definió a sí mismo por su carne.

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