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30 mayo 2025

Cada vez más familias recurren a la tarjeta de crédito para comprar alimentos en el país

El nivel de endeudamiento en los hogares argentinos alcanza cifras alarmantes, consolidando un escenario de crisis estructural de ingresos. Según datos recientes del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), el 91% de las familias mantiene algún tipo de deuda, muchas de ellas adquiridas para cubrir necesidades básicas como la alimentación.

Endeudamiento récord en el contexto posdevaluación

Durante el año 2024, en plena devaluación y con una inflación acumulada del 64,99% en el primer cuatrimestre, el acceso al crédito se convirtió en un recurso extendido ante la pérdida del poder adquisitivo, que cayó un 10,38% en términos reales. De acuerdo con el informe, el 73% de las deudas fueron contraídas en ese periodo, consolidando una tendencia ascendente que persiste en 2025.

En lo que va del presente año, el 15% de los hogares contrajo nuevas deudas, mientras que el 12% arrastra compromisos impagos desde 2023 o antes. Esta superposición refleja no solo una incapacidad de pago, sino también una práctica sistemática de refinanciar deudas anteriores como único recurso para sostener el consumo diario.



Alimentación como principal motor del endeudamiento

El rubro que más impulsa la utilización de tarjetas de crédito es el de alimentos, que representa el 58% de las compras financiadas. El uso de crédito para adquirir alimentos ha desplazado a otros consumos, como indumentaria (15%) y combustibles (11%), lo que evidencia una transformación profunda en las prioridades de consumo de los hogares.

La utilización de tarjetas de crédito bancarias y no bancarias como fuente de financiamiento principal asciende al 30,5%, con un crecimiento de cinco puntos porcentuales respecto al mismo período del año anterior. En contrapartida, las financieras y prestamistas tradicionales mostraron una caída en su participación, lo que podría estar vinculado a restricciones de acceso o mayor desconfianza por parte de los consumidores.



Aumento de la deuda circular

Una porción significativa de los compromisos bancarios actuales deriva de la refinanciación de tarjetas de crédito (34%). Este mecanismo refuerza el fenómeno de la deuda circular, donde se solicitan nuevos créditos para saldar pasivos anteriores, generando un ciclo difícil de romper. Por su parte, los préstamos personales explican el 19% del endeudamiento, los créditos prendarios el 14% y los hipotecarios apenas el 6%.

Este patrón se traduce en una mayor fragmentación del endeudamiento: el 65% de las familias posee entre dos y tres compromisos activos, el 12% más de tres, y solo el 23% mantiene una sola deuda. Estos datos marcan un incremento de cuatro puntos porcentuales en el segmento de hogares con más de tres deudas respecto al año anterior.



Más del 75% de las deudas están en mora

El deterioro financiero se refleja también en la alta morosidad. El 76% de las deudas presentan retrasos en el pago, ya sea en instancia simple o judicial. En la comparación interanual, los casos judicializados aumentaron en seis puntos porcentuales, lo que sugiere un agravamiento de la situación económica de los deudores.

Este nivel de morosidad indica que una gran proporción de familias no solo dependen del crédito para sobrevivir, sino que además no logran cumplir con los pagos pactados, alimentando un ciclo de crisis financiera doméstica que se profundiza.



El crédito como herramienta de subsistencia

El uso del crédito ha dejado de ser una opción de consumo diferido o inversión para transformarse en un instrumento de subsistencia cotidiana. La creciente proporción de ingresos destinados a saldar deudas es otra señal del peso que esta realidad tiene en la economía hogareña: el 56% de las familias destina entre el 40% y el 60% o más de sus ingresos mensuales al pago de compromisos financieros.

El informe del IETSE destaca que esta dinámica ha dejado de estar vinculada exclusivamente a coyunturas temporales. Se trata de un fenómeno estructural, donde el crédito, lejos de representar una herramienta de desarrollo, se convierte en el único medio de acceso a bienes esenciales, con consecuencias que comprometen la estabilidad económica y social a largo plazo.

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