Top Ad 728x90

23 abril 2025

La monja amiga del papa que rompió el protocolo en su funeral: ¿Quién es?

Mientras el protocolo vaticano marcaba con precisión el ritmo del último adiós al papa Francisco, una figura singular desentonó, deliberadamente, entre el desfile de ornamentos y solemnidad. En medio de los cardenales y obispos que pasaban de a cuatro frente al féretro, una mujer permaneció inmóvil, en pie, con una mochila verde colgada al hombro. Rezaba en silencio, lloraba sin esconderse. No pronunció discursos, pero su presencia se volvió el centro de todas las miradas.

Quién es la monja amiga del papa que apareció en su funeral

La escena tuvo lugar en la Basílica de San Pedro, donde se celebraba la ceremonia fúnebre del papa. Entre todos los asistentes, una sola persona se permitió quedarse al lado del féretro más allá del tiempo establecido. No fue detenida. No fue reprendida. Tampoco fue ignorada.



Geneviève Jeanningros: amiga del papa y religiosa atípica

La mujer en cuestión es Geneviève Jeanningros, una monja francesa que construyó una relación cercana con Jorge Mario Bergoglio muchos años antes de que se convirtiera en papa. Entre ellos no había formalismos, ni distancias ceremoniales. Él la llamaba, medio en broma, medio en serio, "l’enfant terrible". Un apodo que parecía anticipar escenas como la del velorio.

Sor Geneviève no responde al perfil tradicional de una religiosa. Su hogar es una caravana. Su campo de misión, las comunidades itinerantes. Durante años ha trabajado con trabajadores de circo, con personas transgénero, con jóvenes sin techo. Ha llevado a muchos de ellos a conocer al papa durante las audiencias públicas en el Vaticano, sorteando con insistencia las barreras institucionales que suelen dejar a estas poblaciones fuera de los espacios eclesiásticos.



De una historia marcada por la tragedia al encuentro con Bergoglio

El vínculo entre Jeanningros y Bergoglio comenzó en Argentina, a raíz de una herida compartida. Ella es sobrina de Léonie Duquet, una monja francesa desaparecida durante la dictadura militar argentina, asesinada por los escuadrones de la muerte. Fue este hecho el que la llevó, décadas atrás, a buscar al entonces arzobispo de Buenos Aires. No fue un acercamiento espiritual, sino un pedido de justicia. De ese primer encuentro nació una amistad que se mantendría viva hasta los últimos días del papa.

Francisco, ya como Pontífice, encontró en Geneviève una aliada incómoda pero coherente. Mientras él insistía con su idea de una "Iglesia en salida", ella lo empujaba a dar pasos concretos hacia los márgenes. No solo hablaban: actuaban. Entre otras cosas, fue ella quien lo convenció de visitar un circo en Roma, rompiendo así una tradición de distancia simbólica entre la Iglesia y ciertos espacios considerados periféricos.



Una despedida fuera del guion

En un entorno donde el tiempo, los gestos y los silencios están reglamentados al detalle, la actitud de Sor Geneviève en la capilla ardiente del papa resultó disruptiva. Se colocó junto al féretro como si nadie más pudiera estar allí. Y de algún modo, lo estuvo. Durante horas, su figura permaneció firme, rezando sin interrupción. Ningún miembro del protocolo intentó retirarla. Tampoco hubo necesidad de explicar nada.



Su mochila verde, su rostro sin maquillaje, su llanto visible y su negativa a apartarse del cuerpo del papa ofrecieron un contraste incómodo con la rigidez del resto de la ceremonia. No se trató de una protesta ni de una provocación: fue, simplemente, una forma distinta de decir adiós.

En una jornada pensada para el recogimiento institucional, fue su acto personal, íntimo y silencioso el que dejó la imagen más duradera.

0 comments:

Publicar un comentario