En cada videoclip, Nano DHC camina por calles que conoce de memoria. No interpreta al barrio: lo vive. No lo maquilla ni lo convierte en escenografía; simplemente lo muestra como es. Entre saludos a vecinos, abrazos con amigos y charlas improvisadas en la esquina, sus videos construyen una narrativa donde la pelota, la amistad y los códigos pesan más que cualquier escenario armado.
Para él, el barrio no es solo un lugar. Es identidad.
“Lo primero que se me viene a la cabeza cuando digo barrio es el tema que hice con la gente de ahí”, cuenta. En esa canción, asegura haber volcado lo que realmente vivió: su infancia, su adolescencia y los recuerdos que lo formaron. “El barrio es la esencia de lo que soy hoy en día”.
Crecer entre amigos y sueños
Nano creció rodeado de los mismos amigos que todavía hoy forman parte de su vida. En esa etapa, recuerda, hubo algo que marcó la diferencia: la libertad.
“Tuve la suerte de tener amigos que, a pesar de sus decisiones, nunca me obligaron a hacer nada que yo no quería”, explica. “Hoy seguimos teniendo esa bella amistad ya de grandes”.
Pero al mirar hacia atrás también aparece cierta nostalgia. Durante años compartieron un mismo sueño: convertirse en futbolistas.
“Éramos chicos sanos, llenos de sueños. Solo nos importaba jugar a la pelota”, recuerda. Con el tiempo, cada uno tomó caminos distintos. “Hoy algunos tomaron malas decisiones, otros tienen trabajos, algunos no los vimos más”.
La inocencia del potrero quedó atrás, pero el recuerdo sigue intacto.
Las lecciones que deja la calle
Más allá de la música, Nano reconoce que gran parte de lo que es hoy lo aprendió fuera de la escuela.
“La calle te enseña cosas que en ningún otro lado te enseñan”, dice. Entre esas lecciones menciona la capacidad de sobrevivir emocionalmente, valorar lo que uno tiene y mantener códigos de lealtad con quienes siempre estuvieron.
Esa mirada se convirtió en la base de su identidad y también en el motor de su música.
Hacer música desde lo vivido
Dentro del universo del RKT, Nano escribe desde la experiencia personal. No busca construir un personaje ni representar a nadie en particular.
“Nunca sentí que mi música pueda representar a alguien. Solo hago música porque me gusta”, explica. “Lo que canto y muestro es lo que viví y lo que se vive en los barrios”.
Aun así, reconoce que muchos seguidores se acercaron para decirle que se sienten reflejados en sus letras o en la esencia de sus videoclips. Algunas historias incluso nacen de experiencias de personas cercanas.
Todas sus canciones, afirma, parten de hechos reales.
“No siento responsabilidad porque no incentivo nada malo ni nada bueno. Son letras neutras. Te podés o no sentir identificado”.
Mostrar el lado que no aparece en las noticias
Uno de los rasgos más característicos de su proyecto es la decisión de grabar videoclips en barrios populares, incluso en aquellos que suelen ser catalogados como “peligrosos”.
Para Nano, el objetivo es claro: cambiar la mirada.
“Las noticias siempre muestran lo malo”, sostiene. “Yo quise mostrar el lado bueno, lo que son realmente las personas”.
En sus videos, quienes aparecen no son extras ni actores. Son vecinos, amigos y chicos del barrio que se suman a la grabación y terminan formando parte de la historia.
“Muchos se alegran de aparecer en los videoclips. Verse ahí los hace sentir parte, y eso a mí me llena”.
El vínculo con quienes escuchan su música
La relación con sus seguidores también ocupa un lugar importante en su camino artístico. Los mensajes que recibe suelen convertirse en un impulso cuando aparecen las dudas o los momentos de vacío creativo.
“Me alegran el día”, dice. “Cuando me siento vacío con lo musical, pienso en ellos y eso me inspira”.
A veces, incluso, las conversaciones van más allá de la música.
“Muchas veces hice de psicólogo”, reconoce. “Sé lo que se siente no tener a nadie para contarle tus cosas. Por eso valoro mucho cuando alguien se abre conmigo”.
De su barrio a otros escenarios
Sus primeros temas y videoclips nacieron en los lugares donde creció. Con el tiempo, el alcance de su música empezó a abrirle nuevas puertas.
“Los primeros dos temas los grabé en mis barrios”, cuenta. “Después empezaron a llegar invitaciones”.
Gracias al apoyo de la gente, pudo realizar shows y grabaciones en otros barrios y ciudades.
“Todo fue gracias a ellos”.
El sueño de dejar huella
Cuando era chico imaginaba el reconocimiento a través de la música. Hoy, mientras avanza paso a paso en su carrera, siente que ese sueño comienza a tomar forma.
Aun así, mantiene los pies en la tierra.
Quiere dejar una huella, aunque todavía no sabe exactamente de qué manera. “El tiempo dirá”.
Entre sus miedos aparece uno muy personal: perder a un ser querido antes de que pueda verlo cumplir ese sueño. También sabe que, si las grandes oportunidades aparecen lejos de su ciudad, quizás deba tomar la decisión de irse.
“No habría otra manera”.
Un mensaje para quienes empiezan
Si tuviera que darle un consejo a los chicos que sueñan con hacer música, Nano lo tiene claro: no dejar que las críticas o las burlas apaguen las ganas de intentarlo.
“Que nunca dejen de hacer lo que les gusta”.
Porque para él, cada persona empieza a construir su historia desde el momento en que nace.
Si algún día tuviera que firmar una pared, escribiría simplemente DHC.
Y si alguien llegara a recordar su nombre, le gustaría que fuera de una manera sencilla: como el chico del barrio que persiguió sus sueños a pesar de las circunstancias, las críticas, las burlas y las caídas. El que nunca se rindió.

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